Editoriales de patrocinio existencial(elementos fundamentales y singularidad):



La imagen de la tragedia no es una casa vacia, ni la ropa sobre el suelo una mañana entre semana.

La imagen de la tragedia no son las flores reposando sobre una tumba.

No es una sentencia desfavorable en un juzgado.

No es el cansancio de madrugadas sin poder dormir ni la busqueda incansable de respuestas en el fondo de un vaso una noche invernal.

No es nada de eso, ni la alegría ni la intrascendencia de los hechos intangibles y quietos.

No es aquello que se pierde a ultimo momento que aún contempla la esperanza.

No es el ultimo pulso de alguien que se va solo en la cama de algun hospital.

No es aquello que jamás será ni las excepcionalidades a la regla como virtud del pragmatismo espontáneo y temporal.

No es la llamada que esperamos y jamás llega.

No es un día sin lluvia ni un dia sin condiciones favorables.

No es jamás volver a alguien ni el silencio de su ausencia.

No es una carta que no se envió a tiempo.

No es mirar a los ojos a una esperanza convertida en una estafa.

No es una promesa muerta en navidad.

No es la singularidad de los actos de aquellos que no comprendemos o la desidia sobre aquellos que despreciamos.

No es la falta de utilidad en la sombre inerte de movimiento y grandilocuencia.

No es la cama sin hacer por las mañanas ni la frustración de los muebles sin polvo en el invierno.

No es la cantidad ni la especulación sobre los resultados.

No es la ultima vela restante que se apaga cuando la luz se va.

Ni siquiera es una estupidez insignificante que podria alegrarnos la existencia en un instante.

Ni siquiera es alguien más.

La imagen de la tragedia es una manera de respirar, una forma de negar la resurrección de la esencia.

Una intención voluntaria de explotar los limites de lo atroz y de la miseria, una contradicción latente y una exigencia universal que presiona de manera constante.

Es una manera de matar la esperanza cuando ya no queda nada, porque no hay ganas de buscarla más no porque no la haya.

La consecuencia irracional de la necedad, un obstáculo a vencer una vez más.

Es el oxigeno necesario para incendiar todo y decidir no hacerlo.

Quizás haya algunas respuestas que en el fondo no quiero saberlas(al menos por el momento).

Oxigenarme es una obligación espiritual, porque la moral está muerta desde que nací.

Tal vez así, y solo tal vez la tragedia signifique algo más que su etimología y experiencias contemporáneas individuales.

Y respirar sea un acto de amor en la oscuridad, que en algun momento trascenderá a un equilibrio racional y saludable en realidad.


Hasta el final, el final.

Es la depresión cinética.

La depresión cinética.

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