Crónicas de inestabilidad particular(credibilidad situacional)


Supongo que sí, supongo que no soy una excepcionalidad a la regla y sus consecuentes resultados.
No se si existe la posible singularidad de evadir el tiempo y el espacio de manera no contextual, el simple ritual y ejercicio de contemplar desde el marco teorico interno fundado en la idiosincracia personal producto de la educación temprana. 
Asumir que cada acto se funda en una responsabilidad, sostenida por la dedicación, por el tiempo y por el espacio personal, un achievement un tanto dificil de encontrar.
De un modo u otro no hay otra opción, la falta de equilibrio es una calamidad incesante, una clara señal de asuntos pendientes y vulnerabilidad situacional, una capa más que logra sacudirse para enseñarnos que siempre fuimos, y somos algo más de lo que hicieron con nosotros y nuestra singularidad.
Quizás no es una tragedia descomunal, una risa es capaz de reordenar un poco el caos de este asunto y otorgar armonia al combustible fundamental e innegociable de la trascendencia individual(a interpretar) pero como concepto particular manifestado como la voluntad.
No es posible prescindir o sostener eternamente lo esencial como una variante en realidad, la muerte no solo es una condición subterranea cuando el próposito parecer ser un simple sueño y nada más, por eso no creo que haya que rendirse, ni decretar el armisticio cuando aún quedan armas con las cuales luchar, aunque tal vez pueda ser no tan trascendental, no voy a mentir: es una posibilidad.
Tal vez la trascendencia es algo más que lo notorio o lo irracional de tu reputación traducidad en la posesión de tu imagen publica en el cuaderno o la pared del cuarto de alguien más, quizás es algo más.
Sacar una bolsa de basura en la tranquilidad de una noche de verano, aunque sean las dos de la mañana y no fumar por causalidad.
Tal vez sea todo aquello que no logra ser apreciado por los ojos de alguien más, y solo son visibles con los nuestros, una imperante lucha por escupirle el rostro a lo frivolo, a lo banal, a lo absurdo de la superficilidad repugnante, ilustrado en vestirse de blanco para año nuevo o navidad, un anhelo de rechazar toda idiotez que no tenga alma, ni tampoco sentimientos en verdad.
Perderse sin los demás, aunque tal vez no nos veamos más o si en realidad, llevarse al extremo para aprender a acercarse un poco más al punto medio y mejorar.
Aceptar como estado natural la perdida y la soledad, sin hundirse en ellas para lograr caminar una vez más.
No me rindo ante la estúpidez ajena e individual, aunque simplemente no lo comprendo, la idiotez es una constante que se refleja en las sonrisas de quienes más quiero, quisiera ser un poco estúpido una vez más, tal vez asi podría naturalizar un poco reir o llorar, pues no es algo malo ser estúpido.
Lo lamento por todo aquello que no podemos manejar, o controlar o comprender en realidad, solo somos simples individuos sujetos a vender su alma en algún momento especialmente ocasional, no comprendo como es posible vulnerar lo más esencial y natural de nosotros mismos, aunque en el fondo creo que si lo comprendo, solo espero nunca jamás intentar hacerlo.
La trascendencia es en verdad eso, no colocarle un precio a tu esencia en realidad, a quien son en verdad, a no hipotecar la sensación pasional de lo que sos, aunque no te lleve a los mejores lugares a veces en verdad, pero ser fiel a golpearse y caer, pero levantarse y volver a tardar meses en intentarlo otra vez, es la trascendencia que valdrá más que el objetivo conseguido al final.
Está prohibido claudicar.


Feliz Navidad y próspero año nuevo.

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