Calma y Caos.

En los momentos donde la compañía sobra y mis oídos pesan, trato de encontrar mi firma en aquel contrato que firme con el destino algún noche borracho y con el alma devastada, en la mesa de algún bar o en el silencio de la madrugada en sobriedad.
Honestamente tengo mucho en que pensar cuando no escucho más palabras que las de mi conciencia, una y otra vez llamando a mi coherencia y asfixiando al corazón.
Pretendo recorrer lentamente la escena de mi soledad en aquel banco, mirando una hoja que jamás voy a escribir, y con el corazón al borde del llanto.
Intentando comprar alguna sonrisa para disimular en los chistes baratos y repentinos de alguien más, para no tener que hablar sobre aquello de lo que realmente quisiera expresar.
Los recurrentes escenarios de la rutina habitual, en donde no hay más movimiento que el de mis manos temblando en un escritorio e interpretando algún papel que ya conozco.
Me hacen pensar en que necesito bajarme un rato del mundo, y sentarme a temblar de frío en el banco de un parque, al caer el atardecer.
Y no por estar pensando sobre lo que realmente no necesito entender. 
Pero aún así pretendo entregar mi salud al mejor postor de mi incansable conciencia.
Y mi corazón en bandeja a la primera caricia del dolor o el humor más oportuno en la mañana menos pensada.
Dejaré alguna vez de conspirar contra mi mismo?
Que clase de objetivos tendré para lograr la destrucción inminente que se aproxima lentamente?
Y por sobre todo, cuáles serán las defensas predispuestas para esta decadente esencia que poco a poco sola, se desvanece en todas las mañanas del mundo?
Acaso caeré antes de que ambas partes ganen o mueran en el intento? Solo y tan solo habrá un reloj, que marcara la única forma de saberlo.


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