Nada en serio.

Esperando para hacer ese llamado que ya debería haber llegado.
Pretendiendo que atiendas el teléfono y que todo suene normal y corriente.
Con una suave calma en tu voz, la cual ya estoy imaginando.
Pero no puedo hacerlo, simplemente algo me tiene cautivo, algo me tiene agarrado y no se bien de dónde.
No me deja salir a buscarte, ni correr a abrazarte, y aún así aquello tampoco me abraza a mi, ni me da lo que necesito.
Cada noche se acuesta junto a mi aunque no pueda verlo, se asoma a mi oído y no me deja dormir.
Se despierta por la mañanas y me acompaña hasta el baño para lavarme la cara.
Y aún así, no puedo verlo en el espejo ni distinguir cuando viene.
Pero si puedo notar cuando se va, y todo está en calma.
Desaparece con la sonrisa de un amigo, o en el abrazo de un desconocido.
No aparece cuando la música suena fuerte, y huye como un cobarde cuando escribo usualmente como en este momento, pero volverá, en cualquier momento siempre está listo para atacar.
Vive quejándose, nada le gusta.
Todo le molesta y sus pretensiones son casi confusas, no se deja manejar pero tampoco habla sobre lo que quiere.
Es simplemente un agente de la tortura y del convencimiento personal, siempre aguardando el momento para atacar.
Aún así, no puedo entenderlo o quizás lo entiendo más de lo que debería.
Llegará el día en el que desaparezca para siempre y todo esto quede en una simple canción, tan desgarradora como su presencia y su voz.

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