Casualidad.
Hubo algo espontaneo en aquella tarde de marzo, algo particular. Hay algunas pocas formas de encontrar la paz bajo la sombra de una tarde que ya se está despidiendo. Los lugares más concurridos de repente repesentan una calma tan singular, que sólo podía ser generada por tu sonrisa. El azul del cielo se opaca un poco, cómo quien tiene el corazón marchito de no detenerse jamás a mirar. El naranja de repente parece ser un color popular, que refleja la nostalgia de una tarde cualquiera indiferentemente de la estación del año. Debe ser el hecho de qué combinan, que se complementan, y junto con eso nos regala un cielo espectacular. Así me sentía yo con vos, la ambiguedad en dos personas, los puntos cardinales que no se tocan pero siempre están cerca el uno del otro. Más en estos días en donde todo parece acomodarse un poco más, y por ende el cambio se comienza a notar. En mis recaídas generales, en mis pies equilbrandose sobre la cuerda para no caer, en mis mil formas de acomodar la almohad...